LOS CUATRO CANALES DE LA COMUNICACION DIVINA

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Tomado de Lo que nos Dicen los Ángeles

Muchas veces las personas no reconocen el canal por el que les llegan las respuestas divinas.  En otras ocasiones rechazan la experiencia, dando por sentado que sólo se trata de una extraña sensación, del estado de ánimo en el que se encuentran o de una idea que no consiguen apartar de su mente, o simplemente creen que están soñando despiertas. Y luego, inconscientes del hecho que el tan esperado consejo divino ya llegó y se alejó sin que se dieran cuenta de ello, acusan a los ángeles de no haber respondido a sus plegarias.

Aunque existen numerosos libros que hablan de personas que <escuchan> mensajes angélicos, la realidad es que muchas de ellas no reciben dichos mensajes en palabras audibles. En sólo una cuarta parte aproximadamente de los casos que he investigado a título personal, la persona podría oír físicamente las voces, dentro de su cabeza o fuera de ella. Mis investigaciones revelaron que muchas de esas personas reciben los mensajes angélicos a través de sus propios pensamientos, mientras que otras los reciben en forma de imágenes que ven con el ojo de su mente, o por medio de sensaciones físicas. Existe aún un último grupo que habla de un conocimiento que extraen de lo más profundo de su ser, y que no pueden explicar con palabras.

¿Por qué existe tal proliferación de canales de comunicación para la trasmisión de mensajes angélicos entre el cielo y la tierra? Para transmitir mensajes a nuestros amigos, no estamos limitados a una sola forma de comunicación. Tenemos distintas opciones, como el teléfono, el correo electrónico, los periódicos o encuentros personales, y podemos escoger entre ellas la que nos parezca más conveniente. De la misma forma, el cielo no se limita a una única vía para hacernos llegar sus consejos, sino que intenta comunicarse con nosotros usando métodos diversos. Los ángeles escogen aquellos que consideran más sencillos y más adecuados a nuestra personalidad.

Lo habitual es que las prescripciones celestiales nos lleguen a través de uno de los siguientes canales:

1. CLARIAUDIENCIA ( palabras y sonidos)
2. CLARIVIDENCIA (imágenes)
3. CLARISENSIBILIDAD (emociones y sensaciones)
4. CLARICONOCIMIENTO (conocimiento instantáneo)

Aunque todo el mundo pueden aprender a usar cualquiera de estos cuatro canales, la ciencia (igual que mi propia experiencia) ha demostrado que por lo menos al principio los distintos tipos de personas pueden usar con mayor facilidad uno de ellos. En trabajos de investigación muy recientes, incluido un extenso estudio realizado en Harvard, se han asociado estos cuatro canales de recepción de mensajes celestiales a las cuatro formas básicas de <inteligencias> o <regiones> del cerebro, cada una de las cuales corresponde a un determinado estilo de aprendizaje, percepción y pensamiento. En algunas personas, según se ha podido ver, predomina la región o inteligencia visual; de ahí que piensen y aprendan con mayor facilidad por medio de imágenes que usando palabras.

En el caso de que predomine en nosotros el modo de percepción visual, por ejemplo, nos resultará más fácil recibir y comprender los remedios angélicos bajo la forma de imágenes. Si, por el contrario, estamos más centrados en nuestros sentimientos por las personas y las cosas, los ángeles intentarán enviarnos la mayor parte de sus mensajes en forma de emociones que impliquen una intuición o un aviso.

Nos sentiremos más seguros de no dejar pasar mensajes angélicos si permanecemos conscientemente receptivos en el canal que consideremos predominante en nosotros. Cuanto más desarrollemos nuestra capacidad de sintonizar las señales divinas, mayor será nuestra confianza a la hora de recibirlas y determinar si se trata de un mensaje genuino. De esta forma, poco a poco iremos aumentando nuestra habilidad para conectar con lo divino.

Al leer las descripciones de los cuatro canales de la comunicación divina que encontrarás a continuación, podrás decidir cuál de ellos se adapta a ti de forma más natural. Al lado de cada canal haz una pequeña marca por cada experiencia que puedas recordar de las que allí se mencionan. Luego, durante la próxima semana, mantente alerta a otros posibles incidentes similares que puedan surgir, en cuyo caso agregarás otra marca en el canal que corresponda.

En el caso de que no estés seguro de si el incidente fue real o imaginario, igualmente haz una marca. No importa que sólo hayas imaginado que te ha rozado el ala de un ángel. El mero hecho de imaginar algo relacionado con alguna de tus sensaciones físicas, te revela que existe en ti esta orientación. También puedes haber imaginado que viste, oíste o sentiste en tu interior repentinamente la presencia de un ángel. Una vez que hayas terminado, la categoría que tenga más marcas corresponderá al canal de comunicación celestial dominante en tu caso.

CLARIAUDIENCIA: En muchos casos las prescripciones celestiales son transmitidas por una suave voz interior que nos describe con todo detalle la solución del problema, como si hubiéramos sintonizado una emisora de radio angélica (que es precisamente lo que ocurre en esta situación). Es posible también que los ángeles nos envíen una señal haciéndonos oír una melodía pegadiza que parece salida de la nada (especialmente en el momento de levantarnos en la mañana). En ocasiones, oímos la voz de un ser querido fallecido, nuestro nombre o un tintineo de campanas. Si deseas recibir estos mensajes con mayor claridad, tendrás que pedirles a los ángeles que suban el volumen en sus conversaciones contigo.

CLARIVIDENCIA: Los ángeles también se comunican con nosotros enviándonos imágenes, que hacen aparecer de pronto en nuestra mente. En este caso, es posible que recibamos una serie de ellas, como si se tratara de una película que vemos con nuestra mente. Podríamos tener también un sueño en el que un ser querido nos visita y nos transmite un mensaje. Con mucha frecuencia estas imágenes no necesitan explicación, pero si no entiendes su significado, debes pedir que te lo aclaren. Los ángeles necesitan que les respondamos, haciéndoles saber si su mensaje nos ha llegado correctamente.

CLARISENSIBILIDAD: En esta categoría, las prescripciones celestiales son trasmitidas a través de las emociones y las sensaciones físicas. Cuando eso ocurre, las sensaciones que experimentamos son similares al roce del ala de un ángel, y tienen por objeto impulsarnos hacia ciertas líneas de acción o formas de pensamiento, o alejarnos de ellas. La tensión y los sentimientos de temor pueden ser una señal que indica con qué personas o en qué situaciones debemos ser cautelosos. Tener una sensación agradable y relajada en el área del estómago o el pecho es muchas veces una señal de que estamos en el camino correcto, o de que podemos continuar nuestra relación con una persona a la que hace poco conocemos. Otros ejemplos que la gente me ha contado incluyen tener un presentimiento que demuestra ser acertado, oler el perfume usado por una persona fallecida, y sentir que alguien nos toca o se sienta en nuestra cama cuando no hay nadie más presente.

CLARICONOCIMIENTO: En este caso, después de solicitar consejo angélico, la solución aparece al poco tiempo en nuestra mente, con total claridad, sin que conscientemente la hayamos traducido en palabras. Es como si Dios hubiera cargado en nuestra mente un archivo informático denominado <Solución de problemas>. Por medio de este conocimiento silencioso, que no necesita de las palabras, es posible asimilar y comprender a un nivel profundo distintos tipos de conceptos, aunque sean abstractos y complejos.

 

Cómo aumentar nuestra Fe en los consejos celestiales

En ocasiones las personas no siguen los consejos angélicos por carecer de fe en sí mismas, en los ángeles y en la comunicación celestial. La sola idea de recibir prescripciones del cielo les resulta disparatada. Otros dudan de que Dios escuche y atienda los ruegos de los seres humanos. Existe aún otro tipo de personas que no creen que los consejos celestiales puedan serles de ayuda en cosas tan terrenales como su profesión, su situación económica o su matrimonio.

Sin embargo, el comentario que oigo con más frecuencia durante mis lecturas angélicas es: “Tengo la sensación de que eso es exactamente lo que mis ángeles dirían”. Dicho con otras palabras, la validez de las prescripciones celestiales que trasmito a mis clientes es confirmada por las resonancias que ellos experimentan en lo más profundo de su ser. Es evidente que estas personas habían recibido mensajes celestiales antes de la lectura angélica, aunque entonces no estaban preparadas para reconocerlos. Los ángeles les mandaban mensajes, y viendo que no tenían conciencia de ellos, se los volvían a enviar. Aun así, mucha gente continúa dudando, y desaprovecha así los preciosos consejos de Dios.

Soy consciente de que al comenzar a trabajar con la orientación divina, resulta muy fácil resistirse a los consejos celestiales. A través de la experiencia, yo he aprendido a confiar en que Dios y los ángeles siempre saben lo que hacen. Cuando confiamos en sus consejos y decidimos seguirlos, nuestra vida empieza a funcionar como una maquinaria bien engrasada. Una vez que comenzamos a poner en práctica estos remedios y experimentamos sus resultados, profundamente beneficiosos, desarrollamos una sólida y bien cimentada confianza en la sabiduría y los poderes curativos del cielo. 

Ocurre frecuentemente que un primer momento no comprendemos de qué forma nos pueden ayudar los consejos que recibimos, y tenemos que dar nuestros primeros pasos apoyándonos en la fe. Supongamos que hemos recibido orientación sobre cómo tratar a alguien que nos resulta molesto, o sobre los pasos que debemos seguir para conseguir ese ascenso que tanto deseamos. Nuestra reacción natural es buscar primero una garantía de que todo funcionará correctamente, y luego actuar. Sin embargo, Dios no suele remitirnos un folleto que explique paso a paso cómo se desarrollarán los acontecimientos. La única garantía que recibirás es la seguridad de que todo está en manos de Dios. Por consiguiente, si tienes fe y sigues los consejos que te serán dados a lo largo del camino, todo se resolverá.
 

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