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ESTILO AMOR NARCISISTA / EGOCÉNTRICO PDF Imprimir E-mail
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Escrito por WALTER RISO   

El Amor Egoísta
Tomado de Amores Altamente Peligrosos

“Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo, cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti” Jean Cocteau

¿Cómo amar saludablemente a quien vive enamorado de sí mismo? No queda espacio para uno. Querer a una persona egocéntrica siempre llevará implícito un tercero en discordia incrustado en el ser amado: la soberbia. La paradoja es como sigue: cuanto más ames a un narcisista, más estarás alimentando su sentimiento de grandiosidad y más se alejará de ti. Un señor casado con una mujer narcisista me decía, entre resignado e irónico: “Usted me pregunta si ella me es fiel, pues no sé qué decirle… En el sentido tradicional del término, sí… Pero si lo  vemos desde otro punto de vista, ella me engaña con ella misma… Cuánto más afecto le doy, más difícil se hace la relación, más importante se siente…”.

La Odisea de Amar a una Persona Narcisista

En el estilo narcisista, el gen egoísta llega a su máxima expresión y se manifiesta sin tapujos y descomedidamente. Es el lado antipático de la autoestima, su cara oscura, la desproporción del yo. El engreído destruye la condición humana por exceso (“Eres menos que yo, no estás a mi altura”) y el que no se quiere a sí mismo lo hace por defecto (“No valgo la pena, me avergüenzo de lo que soy”).



La inaceptable propuesta del narcisista gira alrededor de tres actitudes irracionales: “Mis necesidades son más importantes que las tuyas” (menosprecio afectivo), “Qué se suerte tienes de que yo sea tu pareja!” (grandiosidad/superioridad) y “Si me criticas, no me amas” (hipersensibilidad a la crítica). 

“Mis necesidades son más importantes que las tuyas”. El narcisista no puede abarcar al prójimo porque vive enfrascado en sus propias necesidades y sentimientos. No es posible un amor pleno sin la presencia sentida del otro. En el sentido narcisista, este “desconocimiento amoroso” adopta dos formas típicas: el egoísmo y la manipulación.

Egoísmo. El narcisista suele ser abusivo y arbitrario en el manejo de los bienes comunes de la pareja, sean físicos, psicológicos o emocionales. Hagamos una diferencia conceptual importante. Egoísmo no es lo mismo que egocentrismo. El primero tiene que ver con la incapacidad de amar a otros a causa de la codicia. El segundo está relacionado con la incapacidad de descentrarse y ponerse en el punto de vista ajeno, lo que hace que la gente termine siendo esclava de su propio punto de vista.  Dos incapacidades distintas pero relacionadas: ambas se alimentan mutuamente y destruyen cualquier intento de amar a otro. Estar centralizado en uno mismo, de la manera que sea, implica ruptura, aislamiento, mutismo e incomprensión.

Manipulación. Una premisa guía la conducta de los sujetos narcisistas es que el fin justifica los medios, siendo ellos mismos el fin, y el medio, los demás. El prójimo al servicio del beneficio propio. Estos individuos se regodean en planear y poner en práctica las estrategias utilitaristas con certeza meridiana. Las estrategias de manipulación pueden ser emocionales o materiales, sutiles o desvergonzadas, circunstanciales o permanentes. No obstante lo que esconde detrás de estas maniobras psicológicas es una creencia altamente destructiva para las relaciones afectivas: “Como soy superior a los demás, quieran o no, la gente está para servirme”. Uno de los mayores problemas de las personas narcisistas: no saber perder y, por eso, son tan peligrosas.

“Qué suerte tienes de que yo sea tu pareja”. Esta aseveración no siempre se hace explicita en una relación, aunque si estamos con una pareja narcisista, la actitud de superioridad y grandiosidad se siente todo el tiempo. Puede manifestarse en una mirada de reproche por no comportarse a la “altura” de las circunstancias, en expresiones de fastidio al no recibir un trato especial o al competir solapadamente para llamar la atención; la superioridad asume infinidad de rostros, como aquellas criaturas mitológicas que les quitan el sueño a los niños.

Pero no todo lo que brilla es oro. En la mayoría de los casos, este sentimiento de grandiosidad es una forma de compensar viejos esquemas de inferioridad. Lo que ocurre es que de tanto esconderse en una arrogancia defensiva, terminan mimetizándose con ella y creyéndose especiales. Si quieres mantener a un narcisista feliz y contento, te basta con aplicar dos estrategias proego: contribuir con su “buena imagen” y admirar su grandiosidad incondicionalmente.

La buena imagen. La clave de cualquier amor egocéntrico es saber manejar el marketing personal que le ofrece su acompañante de turno. Llámese clase social, fama o aspecto físico, el punto positivo que aporta la pareja debe acrecentar la imagen del “gran hombre” o la “gran mujer”.  La imagen que proyecta el individuo narcisista es una de sus cartas de presentación.

Admiración incondicional. ¿Quieres poner a tambalear el ego de un sujeto narcisista? Simplemente ignóralo. La admiración es la materia prima con la cual el ego construye su santuario. La mayoría de los narcisistas prefieren ser reverenciados que amados, por eso les impacta más un aplauso que una caricia. ¿Quieres conquistar a una persona narcisista? Hazle culto a su personalidad y la tendrás comiendo de la mano.

“Si me criticas, no me amas”. Las personas narcisistas interpretan un desacuerdo o una crítica amistosa como un ultraje y una falta de respeto a su fuero especial. Recordemos que estamos ante una baja autoestima amurallada y la honestidad tiene la virtud de penetrar cualquier defensa. Por tal razón, los narcisistas odian a la gente asertiva, simplemente porque dicen honestamente lo que piensan y no se dejan manipular. Esto hecho explica por qué sus parejas tienden a ser personas sumisas que evitan contrariarlas en cualquier sentido.

 

¿Por qué nos enganchamos en una relación narcisista?
El Poder del Ego

Existen, al menos, tres esquemas negativos que incrementan la probabilidad de establecer relaciones con personas narcisistas. “Necesito una relación que me dé estatus”, “Necesito alguien con quien identificarme” y “Necesito dar amor desesperadamente”.

Indeseabilidad personal: “Necesito una relación que me dé estatus”. Este esquema responde a una historia de pocos logros afectivos. Más concretamente, a personas que no se han sentido deseadas por el sexo opuesto y han creado una necesidad dirigida a compensar el tiempo perdido.

Indeterminación del “yo”: “Necesito a alguien con quién identificarme”. Algunos individuos necesitan identificarse con personas famosas o celebridades (reales o inventadas) para sentirse realizados y darles un mayor sentido a sus vidas. Si no tenemos una definición clara de qué queremos y para dónde vamos, trataremos de encontrar afuera lo que no podemos hallar en nuestro interior, y compensar el vacío personal con la excelencia ajena.

Entrega ilimitada: “Necesito dar amor desesperadamente”. Cuando alguien con un esquema de entrega ilimitada encuentra a un narcisista, se produce una simbiosis tan extraordinaria como mortal. El sujeto narcisista es un receptor nato u un pésimo dador de amor que se ve a sí mismo como el destinatario natural de cualquier expresión amorosa. En su mente no existe el valor de la reciprocidad. Insisto. El sueño de todo “dador compulsivo” es encontrar un “receptor insaciable” y esa fantasía sólo se logra cuando encuentras un narcisista consecuente y de buena cepa. Y es allí, en esa complicidad tácita y marcada por la patología, donde la entrega se hace destructiva.

Estrategias de Supervivencia Afectiva

1. Reconocer la “supremacía” del narcisista y rendirle honores. Para seguir esta estrategia, hay que hacer tripas corazón y guardarse el orgullo en el bolsillo. Los comportamientos más representativos de esta actitud son:

• Adoptar una posición subordinada para que la grandiosidad de la pareja no se vea alterada.
• Mostrar una admiración constante (elogios, halagos, adulaciones y refuerzos).
• Aceptar las pocas manifestaciones de amor, si es que las hay, porque “esa es su manera de ser” y hay que respetarla.
• Mantener un perfil bajo para no competir con la pareja.
• Lo ideal es concentrarse y disfrutar de los logros del narcisista y olvidarse de uno mismo.
• Dejarse manipular a veces para evitar discusiones.

2. Poner al narcisista en su sitio y bajarlo del pedestal. Esta posición intenta equilibrar la relación y volverla más democrática, lo cual implica una crisis asegurada, ya que el sujeto narcisista no aceptará bajo ninguna circunstancia perder o compartir el poder. La consecuencia de esta alternativa puede llevar a la ruptura, ya que la confrontación se dirige a los puntos más vulnerables del sujeto, al corazón de su ego: “No eres tan especial como crees”. Estos son algunos de los comportamientos que definen esta actitud:

• Retirar la admiración y los halagos que sólo busquen alimentar el ego del otro. No más pleitesía obsecuente, así el otro la requiera.
• No colaborar con su buena imagen por obligación. Vestirse, arreglarse y comportarse como lo creamos conveniente. Si esto es útil o no para alimentar la grandiosidad de la pareja, es secundario.
• Tratar de ser realista: habrá muy pocas o ninguna conducta altruista de parte de la persona narcisista, así que es mejor no hacer reclamos de ningún tipo y menos aún suplicar.
• La mejor manera de desbaratar un estilo manipulador es conocer la intención de la persona que intenta el control: “Qué busca él o ella con esto?”. Cada vez que descubrimos y hacemos manifiesto cuál es el verdadero propósito del narcisista, el comportamiento manipulador pierde poder.

Cómo reconocer el estilo narcisista antes de enamorarse

Algunas de las siguientes pautas permiten reconocer a una persona narcisista antes de ser atrapado o atrapada por “su encanto”:

• Parece que escucha cuando le hablas, pero su mente está secuestrada por el ego. Puedes verificar si ha captado la información después de un rato: vuelve a comentar lo mismo y es muy probable que no se acuerde si ya se lo habías dicho antes. Y no es falta de memoria, sino de atención.
• La mayoría de las conversaciones tienden a canalizarse hacia su propia persona: su historia, su familia, sus logros, su trabajo, o lo que sea. No pienses que se trata de una comunicación abierta o que le inspiras confianza; es puro egocentrismo amañado.
• Cuando lo contradigas o muestres tu desacuerdo frente a algunas de sus opiniones, no podrá disimular su desconcierto e incomodidad. Pondrá su mejor cara amable, pero en su interior se sentirá indignado o indignada. Algo podrás detectar.
• Nunca dirá “no sé”. Ponle  el tema que quieras y tendrás a una persona erudita al frente.
• La táctica preferida será endulzarte el “yo” y los oídos. Te dirá exactamente lo que te gustaría que te dijeran, porque son muy sagaces a la hora de descubrir los puntos débiles del otro.
• A veces se les escapa el trato inadecuado, brusco o descortés hacia otras personas. La costumbre delata. En estos casos, el hábito sí hace al monje o a la monja. La persona clasista no puede dejar de serlo.

Cuando la persona narcisista/egocéntrica eres tú: algunas consideraciones

Debes reconocer que mercadear una imagen de grandiosidad es bastante agotador y muy poco redituable en términos sociables. La gente no es tan estúpida como para creerse en cuento del “Dios vivo”, así que terminarán odiándote. El futuro consecuente de un narcisista es el destierro y el aislamiento, precisamente a lo que temes.

Te preguntarás por qué eres así. Hay muchas posibilidades. Quizás tus padres fueron muy indulgentes contigo, te sobrevaloraron exageradamente o faltó disciplina y control de parte de ellos. También podría haber ocurrido que no te enseñaron a soportar la frustración y a regular tus emociones. Tu infancia pudo haber estado determinada por modelos que explotaban a las demás personas y aprendiste que la manipulación es la única forma de sobrevivir. Algunos narcisistas generan los estilos que vimos por compensación, debido a que su autoestima es muy pobre y, entonces, tratan de equilibrar la cuestión volviéndose demasiado arrogantes. Sólo un profesional podrá darte los elementos necesarios para salir adelante y esa es una responsabilidad que debes asumir si quieres tener una vida normal y no afectar a los tuyos.



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