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ESTILO AMOR PASIVO – AGRESIVO PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

El Amor Subversivo
Tomado de Amores Altamente Peligrosos

“En el amor se da la paradoja de que dos son uno y, no obstante, siguen siendo dos” Eric Fromm

Siempre me he preguntado cómo habrá sido Gandhi en el papel de esposo, porque si aplicó a su relación afectiva los mismos métodos de desobediencia social que utilizó para vencer a los ingleses (¡nada más ni nada menos que a los ingleses!), me compadezco de quien fue su mujer. Estar vinculado a una persona pasivo – agresiva es tener un movimiento de resistencia civil en casa: sabotaje, insurrección (no armada, sino “amada”), lentitud desesperante, incumplimiento de los compromisos e indolencia, todo junto e impredecible. Amor ambivalente, desconcertante y conflictivo: ni tan cerca ni tan lejos, amor a media máquina, inconcluso, tardío, adormilado. Amor resentido y dependiente a la vez. La pregunta que surge es evidente: ¿Es posible tener una convivencia apacible con alguien que te necesita y te rechaza al mismo tiempo?

La Insoportable tranquilidad del ser amado

Una cosa es ser tranquilo, no dejarse llevar por la impulsividad ni la ansiedad y sentirse en paz con uno mismo y, otra muy distinta, hacer del letargo y la displicencia una forma de vivir. Un cirujano que opera “sin prisa” es cuidadoso, pero un bombero “sin prisa” es un peligro social.


La inaceptable propuesta afectiva del estilo pasivo – agresivo se genera en tres actitudes especialmente dañinas: “Tu proximidad afectiva me aprisiona, tu lejanía me genera inseguridad” (ambivalencia interpersonal), “Debo oponerme a tu amor, sin perderte” (sabotaje afectivo), “Aunque nos amemos, todo irá de mal en peor” (pesimismo contagioso).

“Tu amor me aprisiona, tu lejanía me genera inseguridad”. Las personas pasivo – agresivas se debaten en una ambivalencia interpersonal angustiante: necesitan tener una figura de autoridad/protección (v.g. la pareja), ya que se ven a sí mismos como débiles y faltos de soporte, pero al mismo tiempo necesitan sentirse libres e independientes de cualquier tipo de “control” (v.g. la pareja). El amor se convierte para ellas en un problema de doble vía: si me das afecto, malo (“Me asfixia”) y si no me lo das, también (“No soporto la soledad”). Ni contigo ni sin ti. Para colmo, el juego de acercarse y alejarse de la pareja de manera intermitente depende de su estado de ánimo. No hay por dónde, ni con quién. ¿Cómo amar a alguien así y mantener la cordura?

“Debo oponerme a tu amor, sin perderte”. ¿Qué estrategia utiliza entonces la persona pasivo – agresiva para tratar de resolver el conflicto mencionado? Quedarse a mitad de camino y apelar a la ley del mínimo esfuerzo. La protesta pasivo – agresiva no es amigable; es una propuesta tortuosa y dañina para quienes la padecen. El amor es visto como un mal necesario al cual hay que torpear, pero no eliminar. En esencia, los olvidos, las llegadas tarde, los trabajos mal hechos y cosas por el estilo, configuran una forma de terrorismo afectivo y psicológico dirigido a perturbar el orden establecido. La premisa de la que parten es inmanejable: el amor es coercitivo y por lo tanto hay que subvertirlo. El sabotaje suele estar acompañado de excusas y alta dosis de cinismo que van desesperando cada vez más a las víctimas.

“Aunque nos amemos, todo irá de mal en peor”. Quizás una de las características más insoportables del pasivo – agresivo sea su habilidad para ponerle al buen tiempo mala cara y crear un estilo pesimista contagioso. Como pájaros de mal agüero, viven en un holocausto imaginado. Los individuos pasivo – agresivos poseen el don de desanimar a los demás y llevarlos al límite de la desesperanza. ¿Existe alguna forma de soportar la cantaleta pesimista del pasivo – agresivo y salir indemne? Conozco tres: entrar en una fase autista, convertirse en un Buda o salir corriendo.

 

¿Por qué nos enganchamos en una relación pasivo – agresiva?
El ángel de la inmadurez

Si posees algunas de las siguientes vulnerabilidades disfuncionales es mejor que te mantengas en alerta roja, porque el amor subversivo podría encontrar allí un terreno fértil para instalarse y echar raíces: “Necesito que me necesiten” y “Necesito que mi pareja no me exija nada”.

Proteccionismo amoroso: “Necesito que me necesiten”. Existen dos creencias que obran como un impulso irrefrenable en este tipo de personas: “La ternura excita” y “La fragilidad me produce ternura”. La conclusión es definitivamente contraproducente: “La debilidad del otro me atrae y me seduce”. Si posees el esquema de proteccionismo afectivo, vale la pena revisarlo. No necesitas una pareja que adopte el rol de hijo o hija, ni unirte a otro a partir de sus debilidades. Además, desde un punto de vista pragmático: ¿Para qué quieres  una persona que “no puede vivir sin ti, pero te martiriza”? Las personas proteccionistas esconden un sentido de responsabilidad desproporcionado y una idea de culpa. Si no cambias esa manera de relacionarte con los demás, los individuos pasivo – agresivos seguirán ejerciendo sobre tu una atracción difícil de controlar.

Despreocupación/comodidad: “Necesito que mi pareja no me exija nada”. El esquema de despreocupación/comodidad amorosa se caracteriza por cierta indolencia hacia la pareja y un mínimo espíritu de sacrificio. Se fundamenta en la creencia irracional de que las relaciones afectivas no requieren de ninguna o muy poca obligación. La premisa infantil y cómoda es como sigue: “Quiero sostener una relación sin esfuerzo y sin complicaciones de ningún tipo”.

Al comienzo de la conquista, la “defensa de la independencia” y el conformismo del pasivo – agresivo pueden llegar a ser muy atractivos para alguien con un esquema de despreocupación/comodidad (sobre todo, porque las motivaciones son similares). Sin embargo, con el tiempo, la persona pasivo – agresiva empezará a exigir protección y cuidados especiales, lo cual hará que el encantador “dejar hacer” inicial (lo que indujo y mantuvo la unión afectiva) se desvanezca como por arte de magia. De príncipe a sapo: el sinsabor de un encantamiento al revés.

Estrategias de Supervivencia Afectiva

1. Tomar en adopción al pasivo – agresivo y soportar su ambivalencia afectiva. Para seguir esta estrategia, hay que asumir la relación como un noviciado o una misión de carácter casi religioso. Adoptar a la pareja y dedicar la vida a complacerla, sabiendo que nunca quedará satisfecha. Los comportamientos más representativos de esta actitud son:

• Aceptar el pasivo – agresivo como es, sin intentar cambiarlo, porque si se sugiere algún cambio, la resistencia se incrementará geométricamente.
• Tratar de ver sólo lo positivo e ignorar lo malo, al ritmo que el otro sugiera.
• Acoplarse a la pasividad de tu pareja y bajar los estándares personales de rendimiento, como una forma de complementarse.
• Estar dispuesto o dispuesta a cualquier tipo de sacrificio.
• No esperar nada a cambio.
• Dar todas las explicaciones que el pasivo – agresivo requiera para justificar cada comportamiento o pensamiento personal.
• Estar siempre disponible para sus reclamos y necesidades.
• Tener claro que la agresión encubierta es su forma de expresarse.
• Es mejor darles gusto en todo para evitar enfados, pataletas o actos de sabotaje.

2. Iniciar un movimiento contrainsurgente y exigir una relación madura del pasivo – agresivo. Los que eligen esta estrategia de línea dura no están dispuestos a dejarse manipular por la ambivalencia del amor subversivo y exigirán una solución al conflicto de base y a los problemas de la vida cotidiana. Aunque la posición fuerte apunta a construir una relación honesta y democrática, la consecuencia inicial será que el pasivo – agresivo incremente sus actos subversivos y sus tácticas perturbadoras; el amor será cada día más opositor y podría llevar a una ruptura definitiva. La estructura mental del pasivo – agresivo confunde la conducta normal de defender los derechos o decir “no”, con la imposición y el autoritarismo. Los siguientes son algunos de los comportamientos que definen esta actitud:

• No desgastarse en convencer al otro en cosas obvias. Con seguridad, tu pareja pasivo – agresiva comprende perfectamente tus razones; lo que pasa es que “no quiere” hacerlo. El diálogo debe surgir como una forma natural de acercamiento.
• No delegar a la pareja actividades que uno pueda llevar a cabo por sí mismo. ¿Por qué todavía esperas la resurrección del ser amado? Lázaro no se levantará de su tumba ni la princesa despertará gracias a un beso enamorado. Ya sabes cómo es él o ella, así que hazte cargo de tu persona. Puede que te cueste más tiempo y esfuerzo, pero, al menos, no estarás rogando ayuda y veracidad.
•  No responder a las provocaciones típicas pasivo – agresivas, como la lentitud, el incumplimiento o la inculpación. Cuando el estilo subversivo se manifieste, ignóralo, aplica la extinción, déjalo que no encuentre adversario. La meta es que no te afecten sus estrategias y que tu pareja se dé cuenta de ello.
• La mejor manera de afrontar a un pasivo – agresivo es la asertividad: defender los propios derechos sin violar los ajenos. No caer en la trampa de las actitudes indirectas y saboteadoras, sino actuar de frente, tranquilamente y con honestidad, así el problema se incremente.
• No te sientas el padre o la madre de tu pareja; deja que crezca. No asumas tú la culpa por los errores de él o ella; trátala como un ser adulto, así haga berrinches.

Cómo reconocer un estilo pasivo – agresivo antes de enamorarse

No es fácil “disimular” un estilo oposicionista; basta con mostrarte un poco dominante para que el antagonismo se haga presente. La resistencia pasiva, la indolencia/lentitud, las agresiones encubiertas, la falta de cooperación y la postergación crónica, aparecerán como carteles luminosos si tocas el botón adecuado. Algunas de las siguientes pautas te permitirán reconocer a una persona pasivo – agresiva a tiempo:

• Proponen más de lo que hacen. Toman la iniciativa y se arrepienten luego.
• Si entras por el lado de su debilidad, en un santiamén te encontrarás haciéndoles favores de todo tipo.
• Son especialmente incumplidos (v.g. no contestan las llamadas, llegan tarde, no llegan a las citas).
• Piden favores, pero no los hacen.
• No le va gustar que seas tú quien maneje la situación, pero tampoco lo hará ella o él. Será común entrar a una situación de punto muerto.
• La relación rápidamente entrará en un “tire y afloje”. Si no llamas, aparecerá con ahínco renovado, y cuando muestres interés, se alejará nuevamente.
• No hará nada que no quiera hacer, y esto no es producto de la lucidez del sabio, sino la cruda demostración de una mente “llevada de su parecer”.
• Con los demás, tendrá fama de no cumplir compromisos.
• Sus apreciaciones sobre determinadas personas o situaciones podrán ser muy duras, destructivas o negativas.

Cuando la persona pasivo – agresiva eres tú: Algunas consideraciones

Como pudiste concluir de esta lectura, mientras tu personalidad siga siendo pasivo – agresiva, serás una persona afectivamente difícil.
Tienes un serio problema con los modelos de autoridad, cuyo origen podría explicarse por algunas malas experiencias tempranas. Por ejemplo:

• Padres erráticos, inconscientes e indescifrables en el afecto, que produjeron en ti una ambigüedad interior y te hicieron perder la confianza básica que necesita cualquier niño para enfrentar el mundo.
• Haber recibido información contradictoria de padres que te mostraban una cosa y decían otra, lo que te obligó a manejar una estrategia de acercamiento/evitación para adaptarte a sus estados de ánimo.
• Rivalidad con tus hermanos y hermanas, en el sentido de que la llegada de un nuevo miembro a la familia pudo haber generado un cambio brusco de los sentimientos de seguridad que tenías hacia tus padres.
• Haber sido víctimas de alguna figura de autoridad que te explotaba o restringía, a la cual amabas.

No es fácil seguirte en el amor. No es que no seas querible, lo difícil es soportar tu falta de determinación, tu inmadurez, tu ambigüedad. Debes tener presente que el cansancio mata el amor y el malestar que hoy le produces a tu pareja terminará afectándote. Es claro que necesitas ayuda profesional; suspende tus tácticas subversivas, que no parecen ser las más convenientes para nadie, y déjate aconsejar. Ningún profesional te llevará a negociar con tus principios ni someterte al control del otro. Lo que hará es enseñarte cuándo se justifica oponerse y cuándo no, dónde está el autoritario y dónde está el amigo.



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